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El patrimonio que vive en los viñedos de San Javier

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Cepas antiguas, diversidad genética y saberes transmitidos entre generaciones fueron parte de la conversación en el tercer Encuentro de Vinculación por la Vitivinicultura Patrimonial, que abordó el futuro de la producción tradicional desde la ciencia y la innovación.

SAN JAVIER. Hay viñedos que cuentan historias sin necesidad de palabras. En sus plantas permanecen variedades cultivadas durante generaciones, formas tradicionales de trabajar la tierra y características que distinguen a un territorio vitivinícola.

En San Javier, ese patrimonio fue el punto de partida del tercer Encuentro de Vinculación por la Vitivinicultura Patrimonial, una jornada dedicada a analizar el presente y futuro de las cepas tradicionales de la comuna.

La actividad convocó a productores, representantes de la academia, autoridades y otros actores vinculados al desarrollo vitivinícola local.

¿Qué hace especial a San Javier?

Una de las respuestas está bajo tierra y entre las hileras de los antiguos viñedos: la diversidad de variedades de vid.

Durante el encuentro se destacó que la comuna concentra una importante diversidad de cepas, entre ellas la Caliboro, considerada un material genético de características singulares.

Ese reservorio de variedades plantea un desafío doble: conservarlo y, al mismo tiempo, estudiarlo para conocer mejor sus posibilidades.

La ciencia aparece así como una herramienta para complementar el conocimiento acumulado por los propios viticultores, quienes durante décadas han mantenido prácticas y variedades adaptadas a las condiciones del territorio.

La representante de la Seremi de Ciencia, Tecnología, Conocimiento e Innovación planteó que esa combinación entre tradición y conocimiento científico puede abrir nuevas posibilidades para la actividad vitivinícola.

¿Cómo se transforma el patrimonio en una oportunidad?

No se trata solamente de conservar una cepa antigua. También existe la posibilidad de caracterizarla, estudiar su comportamiento y determinar qué atributos pueden contribuir a diferenciar los vinos producidos en el territorio.

En esa línea, el encuentro incorporó mesas de co-creación y conversaciones sobre marcas colectivas, buscando generar herramientas que permitan a los productores trabajar sobre una identidad vitivinícola común.

La propuesta conecta el viñedo con otras expresiones culturales de San Javier y del Maule, como la gastronomía y el patrimonio rural.

Ese vínculo también forma parte de la postulación de San Javier a la Red de Ciudades Creativas de la UNESCO, en la categoría de Gastronomía.

¿Cuál es el desafío para los productores?

La tarea es encontrar un equilibrio entre tradición e innovación.

Por una parte, existe la necesidad de proteger variedades y conocimientos que forman parte de la historia vitivinícola local. Por otra, aparecen nuevas herramientas científicas y comerciales que pueden contribuir a desarrollar productos con identidad territorial.

El resultado puede estar en vinos que no solo tengan determinadas características organolépticas, sino que también puedan contar de dónde vienen y qué historia existe detrás de cada botella.

En San Javier, el patrimonio vitivinícola se presenta así como algo más que un recuerdo del pasado. Es un recurso vivo, presente en los viñedos y en las manos de sus productores, que ahora busca nuevas formas de ser estudiado, protegido y proyectado