La iniciativa de SENAMA Maule recibió cerca de 100 imágenes, en las que participantes de la región retrataron afectos, recuerdos y experiencias compartidas entre personas mayores y jóvenes.
Detrás de una fotografía familiar suele existir una historia. Una conversación, una tradición, una jornada de trabajo o simplemente el tiempo compartido entre personas de distintas edades. Esa dimensión cotidiana fue el eje del concurso “Miradas que unen generaciones” 2026, que invitó a habitantes del Maule a contar esas historias a través de imágenes.
La convocatoria reunió a más de 60 participantes y cerca de 100 fotografías. Los trabajos mostraron distintas formas de representar los vínculos entre generaciones, desde escenas familiares hasta momentos relacionados con las tradiciones y la vida cotidiana.
La propuesta buscó poner en valor el lenguaje fotográfico como una herramienta para observar y registrar las relaciones humanas. Cada imagen permitió rescatar un instante y transformarlo en un relato visual sobre la convivencia, los afectos y la transmisión de experiencias.
El primer lugar fue obtenido por Evelyn Ramírez Muñoz con “Compartiendo la vida del campo”. La fotografía fue reconocida por representar un escenario cotidiano donde distintas generaciones comparten experiencias y conocimientos.
María Victoria Ilufi Vásquez obtuvo el segundo lugar con “Manos que unen generaciones”, mientras Clarisa Vargas Vargas alcanzó el tercer puesto con “Miradas cómplices”.
Las menciones honrosas fueron para Carlos Varas Vergara, con “Miradas de Generación”, y Juana Aravena, autora de “Pepitas de Limón, Vitaminas para el Alma”.
La premiación, realizada en AIEP Talca, permitió conocer parte de los trabajos seleccionados y observar cómo una misma idea —el encuentro entre generaciones— puede ser interpretada desde distintas sensibilidades y experiencias.
En las fotografías aparecen elementos que forman parte de la identidad cotidiana del Maule: familias, espacios rurales, gestos de complicidad, manos que trabajan juntas y momentos que normalmente no forman parte de los registros oficiales, pero que también construyen la memoria de una comunidad.
Así, el concurso terminó convirtiéndose en una pequeña colección de historias visuales. Imágenes que no solo muestran a personas de distintas edades, sino también aquello que comparten: conocimientos, afectos, recuerdos y una vida cotidiana que continúa transmitiéndose de una generación a otra.





