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Más de 10 mil personas celebraron a la Virgen en Nirivilo

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 La tradicional fiesta religiosa volvió a reunir a fieles, familias y huasos a caballo en el secano interior de San Javier. La celebración combina religiosidad popular, identidad campesina y el patrimonio histórico de una localidad declarada Zona Típica.

Hay tradiciones que se mantienen vivas porque las comunidades vuelven a ellas cada año. En Nirivilo, esa tradición tiene el rostro de la Virgen del Carmen Campesina, cuya celebración se ha convertido en uno de los principales encuentros de religiosidad popular y cultura campesina del secano interior del Maule.

Más de 10 mil personas llegaron este año hasta la localidad para participar de la fiesta, que se realiza tradicionalmente el último domingo de septiembre y que cuenta con más de 39 años de historia.

La celebración comenzó con la tradicional Eucaristía y continuó con uno de los momentos más significativos de la jornada: la procesión de la Virgen por las calles del pueblo. Fieles y huasos a caballo acompañaron el recorrido, manteniendo una imagen característica de esta festividad.

Las ofrendas con frutos de la tierra también ocuparon un lugar importante. Son parte de una tradición que vincula la fe con el mundo rural y que expresa el agradecimiento de las familias por los frutos obtenidos del campo y el trabajo realizado durante el año.

La fiesta tiene además un significado especial por el lugar donde se desarrolla. Nirivilo es Zona Típica desde 1985 y conserva una iglesia declarada Monumento Histórico Nacional en 1984, elementos que convierten a la localidad en uno de los espacios patrimoniales vinculados a la arquitectura religiosa rural del Maule.

Pero el patrimonio de Nirivilo no está solamente en sus edificios. También está en las personas que participan, en quienes mantienen las costumbres, en los huasos que acompañan la procesión y en las familias que transmiten a las nuevas generaciones una forma de vivir la fe ligada a la tierra y al mundo campesino.

Por unas horas, las calles de Nirivilo volvieron a convertirse en un espacio de encuentro. Una celebración que, más allá de su dimensión religiosa, refleja la memoria, identidad y sentido de comunidad de una parte del Maule rural.