Vigilancia, educación ambiental, protección de especies y atención a visitantes son parte de una labor que se desarrolla durante todo el año en las áreas protegidas de la región. En Radal 7 Tazas, sus representantes abordaron además el cambio que comenzará en 2027.
Cuando un visitante llega a un parque nacional, normalmente piensa en el paisaje, los senderos o la posibilidad de observar la naturaleza. Pero detrás de esa experiencia existe un grupo de personas que trabaja para que ese territorio pueda mantenerse protegido.
Son los guardaparques, quienes cumplen funciones que van desde la vigilancia de las áreas protegidas hasta la educación de quienes las visitan. En el Maule, su trabajo se desarrolla en siete unidades y abarca distintos ecosistemas y territorios.
A pocos días de la conmemoración del Día de las y los Guardaparques, representantes de estas unidades se reunieron en el Parque Nacional Radal 7 Tazas, en Molina, para compartir experiencias y analizar los desafíos que enfrenta su trabajo.
La fecha, que se conmemora cada 30 de septiembre, recuerda la creación de la Reserva Nacional Malleco en 1907, considerada la primera área protegida del país.
Durante la jornada también se conversó sobre el futuro de las áreas silvestres protegidas y el proceso de transición desde Conaf hacia el nuevo Servicio de Biodiversidad y Áreas Protegidas (SBAP).
“Para que este traspaso sea de la mejor manera, hemos estado dialogando con cada uno de los guardaparques de la región del Maule”, explicó el seremi de Agricultura, Alejandro Muñoz, quien indicó que el cambio está previsto para marzo de 2027.
El proceso no solo implica trasladar la administración de los parques. También plantea el desafío de mantener la continuidad de las labores que se realizan en terreno y resguardar las condiciones de quienes las desarrollan.
El director regional de Conaf, Miguel Ángel Muñoz, destacó precisamente ese aspecto. “Las condiciones laborales y la atención al público que se realiza en nuestras unidades de la región del Maule” deben mantenerse, sostuvo, agregando que la expectativa es que sean “igual o superior” a lo realizado durante los últimos 56 años.
La labor de los guardaparques tiene además una dimensión educativa. Muchas veces son ellos quienes explican a los visitantes cómo comportarse dentro de un área protegida, qué especies se pueden encontrar o por qué determinadas acciones pueden dañar un ecosistema.
En ese sentido, su trabajo no se limita a controlar el acceso o recorrer un sendero. También son parte del vínculo entre la comunidad y los espacios naturales que forman parte del patrimonio del Maule.
El próximo cambio institucional marcará una nueva etapa para las áreas protegidas. Mientras tanto, quienes trabajan en ellas siguen desarrollando una tarea cotidiana y poco visible, pero fundamental para conservar los territorios que cada año reciben a miles de visitantes.




